20 de agosto de 2014

Solid@ridad 574: JÓVENES, ADULTOS, VEJEZ



"Los jóvenes suelen vivir el tiempo como posesión, como un derecho y con sentido de propiedad –«tengo tiempo o no» para hacer lo que quiero–. Por eso la muerte a una edad temprana es vista como una injusticia, pues el sentido del tiempo es para ellos ser objeto de consumo. Se disfruta cuando se puede llenar el tiempo de experiencias fuertes. Porque no se piensa en el valor de la temporalidad, sino en el hecho de que, ya que existe, hay que exprimirlo al máximo.
Los adultos, tan empapados de una cultura que sobrevalora el hacer, suelen mirar el tiempo con recelo. A pesar de tratarse de una etapa de supuesta madurez, pronto se descubre la limitación y la fugacidad: «el tiempo vuela ». Por eso es percibido como limitador de posibilidades. Cada día se presenta como un universo de ocasiones perdidas (sin haber llamado a fulanito, sin haber rematado un proyecto, sin haber rezado, sin comer sano, sin... un sin-fin de temas no resueltos). Estirar el tiempo todo lo que se pueda es el objetivo de padres y madres tras la jornada laboral, para atender a los hijos;
Hay sentido en la vejez, posibilidad de amar de un modo nuevo. Y no solo queda esperar la muerte y la eternidad, sino la oportunidad de ser parte inspiradora del futuro de las generaciones que vienen detrás. Lo que queda por vivir no es un «resto», una fase final de rendición y declive, sino una ocasión para mostrar al mundo que los tiempos de Dios son habitualmente diferentes de los nuestros"
María Dolores López Guzmán “Lecciones del tiempo”