16 de mayo de 2013

Solid@ridad 484: NAVEGA MAR ADENTRO






10. No podemos olvidar que Dios quiere la felicidad de cada ser humano. Él creó todo para que lo disfrutemos (1 Tim 6, 17), para que a nadie le falte lo necesario. Imitando su generosidad, que se manifestó hasta el fin en la entrega de Jesucristo, los creyentes queremos ser instrumentos de su vida para los demás. Por eso, venciendo la tentación del egoísmo, intentamos salir de nosotros mismos, revistiéndonos de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia (Col 3, 12) para procurar la felicidad de los hermanos.



11. La espiritualidad evangelizadora está marcada por un intenso amor a cada persona. A veces se expresa como compañía silenciosa y compasiva, otras veces es palabra que alienta, abrazo que consuela, paciencia que perdona, disposición a compartir lo que se posee, o se torna indignación por la injusticia, y la denuncia proféticamente. Se trata, siempre, de hacernos cercanos y solidarios con el que sufre. En este mundo donde frecuentemente nos sentimos desamparados, ignorados, utilizados, excluidos, ¿no es indispensable oír el llamado del Espíritu a cuidarnos y sostenernos unos a otros con entrañas de misericordia?



22. Al comenzar el nuevo milenio, la humanidad entera se encuentra sumergida en grandes dificultades: la alarmante extensión de la pobreza y la escandalosa concentración de la riqueza, la corrupción de las clases dirigentes, los conflictos armados de insospechables consecuencias, los nuevos fundamentalismos y formas inimaginables de terrorismo, la crisis de las relaciones internacionales. Son evidentes las contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, el relativismo, el menosprecio de la vida, de la paz, de la justicia, de algunos derechos humanos fundamentales, de la preservación de la naturaleza, que desafían a todos por igual y exigen respuestas comunes.

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